Las ex estrellas de Real Housewives of New York City Jill Zarin y Bethenny Frankel han recibido importantes críticas en línea después de publicar, y luego eliminar, reacciones negativas al espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026 de Bad Bunny. La controversia resalta la creciente tensión entre el entretenimiento, la expresión cultural y las expectativas públicas de neutralidad en eventos a gran escala.
Comentarios controvertidos de Zarin
Jill Zarin describió la actuación de Bad Bunny como “el peor espectáculo de medio tiempo de todos los tiempos”, criticando específicamente su uso del español y lo que ella percibió como gestos inapropiados. Los comentarios de Zarin, capturados en una publicación de Instagram grabada en pantalla antes de su eliminación, también aludieron a la falta de “gente blanca” en la actuación y sugirieron una posible “declaración política”. Sus comentarios provocaron una reacción inmediata, incluida la desautorización de su antigua empresa, Zarin Fabrics, que condenó explícitamente el racismo y la retórica discriminatoria. La firma aclaró que Zarin no ha estado asociado con su negocio durante años.
Este incidente subraya la rapidez con la que las figuras públicas pueden enfrentar repercusiones por declaraciones insensibles, particularmente en un entorno de redes sociales hiperconectado. Los comentarios de Zarin iniciaron un debate sobre la inclusión y la representación cultural en el entretenimiento convencional.
El cambio de postura de Frankel
Bethenny Frankel inicialmente cuestionó si el Super Bowl debería usarse como plataforma para “puntos de vista personales, culturales y políticos”. En un TikTok eliminado, trazó paralelismos entre la actuación de Bad Bunny y momentos controvertidos de otros artistas, incluidos los chistes transfóbicos de Dave Chappelle, las críticas de Richard Gere a China y las declaraciones anti-ICE de Billie Eilish. Preguntó dónde debería trazarse el límite para la expresión pública en tales eventos.
Sin embargo, tras los elogios generalizados por la actuación de Bad Bunny, Frankel dio marcha atrás en un TikTok posterior y afirmó que era un artista que se expresaba. Este cambio no apaciguó a los críticos, que la acusaron de cambiar su posición de manera oportunista.
El escepticismo inicial de Frankel y su posterior retirada ilustran la presión que enfrentan las celebridades para alinearse con la opinión pública, especialmente cuando se trata de temas culturalmente sensibles. El incidente generó dudas sobre si los artistas deberían permanecer neutrales durante eventos de alto perfil o si la expresión artística debería tener prioridad.
Por qué esto es importante
La reacción contra Zarin y Frankel refleja cambios sociales más amplios hacia una mayor inclusión y responsabilidad. Sus comentarios aprovecharon los debates existentes sobre la apropiación cultural, la política lingüística y los límites de la libertad de expresión en el entretenimiento. La velocidad con la que sus opiniones fueron criticadas y archivadas demuestra cómo las redes sociales amplifican tanto los elogios como la condena, obligando a las figuras públicas a considerar cuidadosamente sus mensajes.
En última instancia, la controversia sirve como recordatorio de que incluso las declaraciones eliminadas pueden tener consecuencias duraderas en la era digital actual.
